Datos personales

Mi foto
Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.

miércoles, 15 de junio de 2011

LA LLAVE


Día mundial de toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez

           Me cuentan que Blas ha estado trabajando toda su vida, desde que tenía dieciséis años hasta los setenta y tres que tiene actualmente. Son cincuenta y siete años de vida laboral ininterrumpida sin descansos obligatorios por enfermedad o notarías. Son servicios en la portería de un bloque de pisos anejos y añejos, con sabor a roble y azulejos pintados a mano y ascensor tipo confesionario con polea doble. Son tantas vidas las que han pasado por sus manos que ahora, ya encallecidas, no notan el desgaste de las cerraduras.
Tenía y tiene tal capacidad memorística que no existía movimiento alguno en la comunidad  que no quedara registrado en el “pen drive” de su lúcido cerebro:
“El perro de la señora Lurdes que  quedó encerrado en el patio de luces todo el día”,
“El grifo abierto de la cocina de Don Julio”,
“Las visitas a la señora Paqui del primero primera, enferma, con un poco de compra del Supersol”,
“Las llaves del cuarto B que olvidó Rosa”,
“El pobre don Jacinto, que vivía solo y que se arrojó desde el sexto piso¿?”,
“La presencia de la policía  buscando un ladrón  de bolsos al tirón”,
“El incendio de la mesa-camilla de la Sra. Julia del segundo C, ciega y sorda”,
“La atención a Josefa en el parto, que había roto aguas y se encontró con un niño llorón de casi cuatro kilos, Iván, al que tuvo que cortar, él mismo,  el cordón umbilical,... “
……………………………………………………………………………………………….
Son tantos los recuerdos dados, tantas miradas perdidas, tantos saludos olvidados, tantas manos extendidas  que el bagaje de su alma quedó exhausto, limpio de polvo y paja, vacío.
Ahora le ha tocado vivir otra vida diferente e intentar llenar el alma con nuevas experiencias y nuevas actividades. Y se ha encontrado, de repente, que no tiene nada que hacer. Todo su cuerpo  se ha dormido. Se niega a seguir buscando un sentido a la vida y no responde a la actividad de su cerebro. Ya no es capaz de estrechar las manos extendidas, no responde a los saludos de los vecinos, olvida cerrar la puerta del entresuelo primera donde ha vivido siempre, sus luces están siempre encendidas, las persianas no dejan ver la claridad exterior y el mundo se lo ha tragado.
 ……………………………………………………………………………………………
Sentado en un rincón de su portal de siempre lleva la cuenta de las personas que cortan su mirada. Una, dos, tres, cuatro... Se para y vuelve a comenzar: una, dos, tres, ...
Iván se sienta a su lado sin decir nada. Lía un cigarrillo y se lo pasa sin darle importancia. Se lo enciende. Después se prepara uno para él. Fuman los dos en silencio.  Es Iván el que rompe el hielo.
-¿Sabe que el Sr. Juan dejó el gato en el balcón y se marchó de vacaciones? Me llamó hace un momento para que entre, le de comida y deje abierta la puerta..
-.... -una mirada solamente fue la respuesta.
- Y Pura, la del cuarto A, está bastante mal. Tiene una tos muy fea. Y como vive sola tengo miedo que...- se paró  de repente al ver entrar en el portal un joven corriendo perseguido por dos policías municipales que se pararon justamente en el dintel del portal.
-¿Tiene alguna otra salida esta portería? - solicitó el más joven de los polis
-No. Y desde la terraza no se puede saltar a ninguna parte. - aclaró Iván.
Casi al instante, el mismo joven apareció escabulléndose entre los dos municipales y se escapó calle arriba provocando  los gritos de algunos transeúntes y alejándose de los  "alto, alto " de la policía.
Blas apenas se inmutó. Siguió dando caladas al pitillo y se giró hacia Iván, que se había levantado por inercia.
-¿Estás seguro que desde la terraza no se puede saltar hacia ninguna parte? -  Y esperó  una  respuesta que nunca le llegó mientras daba la última calada al cigarrillo.
- Ud. y yo tenemos que hablar. - dijo Iván seriamente.
Entró en el portal, tomó el ascensor y pulsó Ático B.  Subió dos tramos más de escaleras hasta la puerta de la terraza. Eligió una de las llaves del mazo que colgaban de su cinturón,  y abrió y cerró la puerta dos veces hasta estar completamente seguro que cerraba correctamente. Después inició el descenso pensativo y mascullando palabras que nadie logró  entender.
Al llegar al portal Blas ya se había ido. Sobre los escalones  había quedado una llave muy usada con una etiqueta de cartón ennegrecido y con una sola palabra,  una llave que Iván conocía a la perfección.

A la "edad" para que siga viviendo intensamente

No hay comentarios:

Publicar un comentario