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Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.
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viernes, 23 de septiembre de 2011

PENSAMIENTO Y CRISIS

Alguna ventaja deben tener las épocas de vacas flacas o crisis. Comparemos dos momentos de nuestra vida y situémoslos en épocas bien diferentes. Uno en el año 2003 y el otro en  el año actual.
¿Qué modificaciones ha experimentado nuestra forma de pensar y actuar? ¿Es la misma, la de antes y la de ahora?
Analicemos por separado la forma de utilización de nuestro razonamiento. En los años de bonanza, marginamos el pensamiento, nos guiamos únicamente por los sentidos y nos olvidamos del análisis objetivo, de valorar los pros y los contras. Dicho de otra forma somos un “Viva la virgen”. Que nos apetece un coche, pues compramos un coche; firmamos letras o lo que sea por tenerlo y pelillos a la mar. Los sentidos forman parte sustancial de las decisiones importantes que marcarán nuestra vida, pero sólo los sentidos. Vivimos con un Sentimos, Nos gusta o apetece y Actuamos. En acrónimo podría reducirse a  SAA (sentir/apetecer/actuar).
Con este sistema la persona se embrutece socialmente, se materializa, pierde los lazos afectivos y destruye parte de su idiosincracia. Nos convertimos en objetos veleidosos y veletas. Nos importa un comino la opinión ajena, sea familiar o extraña. Sencillamente utilizamos un filtro anticontaminante contra los demás pensamientos que, por extraño que sea, intentan darnos algún toque especial para retomar el camino. Todo inútil. El filtro de la abundancia se muestra muy eficaz y infranqueable.
Son esas épocas en las que nos adueñamos de lo inútil, del bulto, de lo tangible, de lo mesurable y nos convertimos en inútiles, en bulto, en medidores, en mediocres,  en cosas únicamente.
Podemos buscar en nuestra casa, en nuestras dependencias y recopilar la cantidad de objetos inútiles que hemos  adquirido, la cantidad de ropa que hemos colgado en armarios, la cantidad de zapatos que engordan nuestra zapatería, y que, si somos sinceros, o las utilizamos en puntuales ocasiones o, en la mayoría de los casos, se convierten en ocupas de espacio casero, con el derecho a envejecer con nosotros y ser enterradas por nuestros herederos. Un auténtico Mercadillo de las cosas inútiles o consentido síndrome de Diógenes.
Actualmente la crisis nos ha forzado, y con buen acierto, a volver a ser personas con uso de razón. Nos obliga a utilizar el pensamiento, -olvidado en la etapa anterior-,  y a colocarlo  en nuestras decisiones en el lugar que debería haber estado siempre. Actualmente Sentimos, Pensamos y Actuamos. En siglas sería SPA.
Continuamos sintiendo, claro está, utilizando los sentidos, pero valoramos los pros y los contras y, después de un buen razonamiento, actuamos en un sentido u otro. Ahora no hablamos si queremos un coche, ahora hablamos de la necesidad de comprar un coche, de la utilidad que le vamos a dar, de la capacidad que debe de tener, del consumo que hay que soportar, de los gastos que habrá que cubrir y del precio que podremos pagar.  Y después de un análisis global, y no antes, ACTUAMOS en SI bemol o en DO sostenido.
Hemos pasado de una época muy relajada socialmente, de análisis superficiales, de sueños infantiles y de cuentos donde todo vale, a otra época de crítica profunda de todo nuestro entorno, incluyéndonos a nosotros mismos. Empezamos a estar verdaderamente preocupados por nuestro futuro, por nuestra formación. Nos informamos mucho más, tratamos de abarcar múltiples temas,  ya sean de carácter social, económico, político o farmacéutico, y nos convertimos en críticos multifocales, capaces de ver  injusticias allá donde antes creíamos ver únicamente bondades o espacios mentalmente ignorados.
La crisis nos sirve en bandeja, no de plata, esta lección y nos anima a ser  usuarios de un SPA continuado e independiente de todas las situaciones económicas, presentes y futuras.

viernes, 6 de mayo de 2011

ERE de cuento

          Soy el estado del bienestar y lamento mucho el haber perdido tantos kilos y tanta estatura. Me sobran los pantalones y, con la amplitud de la camisa, me llega para tapar todas  las  interioridades. Me recuerdo a mi mismo como a ET ataviado con la camisa de Elliot. Mi casa la están desmontando poco a poco, están empeñando mis enseres y aprietan tanto mi gaznate que ya me cuesta hasta respirar. Se me ha acabado el ventolín antiguo y ahora, cada vez que lo necesito, he de acudir al de los mil pacientes, para que me recete la dosis diaria diariamente. Me cuesta mover los brazos y pierdo productividad. He solicitado un TAC -mejor un tic-tac- y será para dentro de 8 meses. No encuentran urgencia. Un iboprufeno cada ocho horas y el siguiente  que la ocasión la pintan calva.
          Cuando mi amigo tuvo que ingresar a su padre, con demencia senil, le pidieron que llevara los pañuelos para limpiarlo, que no había presupuesto. Que todo el material de la planta había  quedado agotado y  que también cerraban la planta. Que los quirófanos malgastaban mucha energía y que no eran productivos. Que para solicitar la presencia de un profesional  se ha de hacer por turnos y  por riguroso orden de habitación.
            Y digo yo...
          ¿Por qué no se hace un ERE político? Las ventajas serían sustanciosas para mi estado deteriorado del bienestar. Prefiero un médico trabajando que un político cobrando. Prefiero enfermeros y enfermeras que nos cuiden a los políticos que nos enferman. Prefiero un quirófano operativo  antes que todas las operaciones políticas. Prefiero ambulancias oficiales productivas  que no coches oficiales improductivos. Prefiero una planta de hospital abierta  a toda la planta del Ministerio de Sanidad.
        Mi anorexia lo merece y lo prefiere. Vosotros me lo agradeceréis.
En estos momentos lo superfluo son los políticos. Prescindamos de ellos antes de que ellos se crean imprescindibles.




viernes, 1 de abril de 2011

HORMIGAS Y CIGARRAS

 Leído en un diario: "los listos viven de los tontos y los tontos de su trabajo"

           Crisis, crisis y más crisis. Palabra de moda, interiorizada y arraigada en el subsuelo de nuestra mente, que  nos envuelve y convierte en una especie de gurús llenos de cábalas y con verdaderas ansias de subsistencia.
           Todo el mundo conoce la situación en que se encuentra, la situación en la que nos han  colocado, sin comerlo ni beberlo, los listos de turno, políticos y banqueros que han jugado durante bastantes años con todo lo que teníamos, nuestras aspiraciones, lo que ibamos a tener y lo que nuestros hijos puedan llegar a conseguir, el futuro. Han utilizado nuestros años de bonanza, trabajados como hormigas, para profanarlos cigarralmente con tantos gastos suntuosos, innecesarios y "bolsátiles" - de bolsillo-, que han dejado nuestra vaca, tan famélica, que no da ni para elaborar un pequeño queso desnatado.
                Nos han aplicado, los listos, ya directamente y sin consultarlo, como dueños y señores de nuestros ahorros, de nuestras hambres y de nuestro futuro, recortes en sueldos, en prestaciones y en vida. Y, ahora, nos siguen anunciando en todos los medios de comunicación  más medidas para que nosotros, los tontos, superemos la crisis, su crisis.
                Todas las medidas son para los tontos y ni una sola para los listos. Nadie propone reducir en un tanto por ciento elevado  el sueldo de los políticos; nadie propone eliminar todos los cargos de confianza, enchufados de turno y mandangas; nadie propone la ley de saldo cero para Estado, Comunidades, Ayuntamientos, etc; nadie propone la eliminación de todas las empresas municipales; nadie propone  un menor número de representantes, parlamentarios o concejales de municipio y la racionalización y adecuación de sueldos a un criterio único por número de habitantes para todos los municipios; ; nadie propone la supresión de subvenciones a sociedades, corporaciones, sindicatos, montepíos, asociaciones, televisiones locales, partidos, etc; nadie propone la supresión de coches oficiales, de dietas oficiales, etc. Nadie propone y sólo disponen.
Hemos de exigir a nuestros  políticos, que mantenemos todos los tontos que vivimos de nuestro trabajo, las cuentas claras de sus actuaciones. Deben entender que la empresa , el ayuntamiento, somos los ciudadanos y que buscamos integridad en las personas que hemos elegido para que administren los impuestos que pagamos. Que han de utilizar  únicamente lo recaudado, que no pueden pedir crèditos o endeudarse en nuestro nombre, que no pueden contratar personal de confianza para que realice el trabajo encomendado a ellos y para el que se han presentado. Que no pueden subirse el sueldo unilateralmente pues ha de estar fijado por ley.  Y, el que se presente y sea elegido,que tenga los números y las cuentas perfectamente delimitados.Y el que no cumpla o no le interese  ¡a su casa!.
                 Confiemos, mientras tanto, en las hormigas,en nosotros mismos,  en la efectividad como trabajadoras  para superar la crisis y alejémonos de todas esas cigarras que desentonan en nuestra vida  y hacen que luchemos a muerte  para que ellas sigan cantando.