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Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.
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viernes, 25 de marzo de 2011

EL MAR Y LA ARENA

A  las personas, antes amigas, y que ahora no son capaces de hablarse como personas.

              Hace mucho tiempo el mar y la arena vivían amistosamente en una tierra sin compromisos, sin límites ni cortapisas. Más que vivir convivían como dos niños pequeños que juegan en una  playa de cualquier mar  sin nombre.,
               Cuando el mar tenía frío tomaba baños de sol sobre un lecho de arena para entrar poco a poco en calor. Mientras, la arena le masajeaba lentamente todos sus intersticios y disminuía sus tensiones e inquietudes. Purificaba sus impurezas y le permitia recomponer la nitidez de sus aguas.
               La arena se enjugaba todas las mañanas para desesperezarse. Aclaraba su corta melena dorada en  las profundidades del mar y se dejaba acunar lentamente en sus brazos. Nada era tan placentero para las minúsculas partículas que dejarse arrastrar mar adentro para regresar a caballo de las olas mezcladas con un esponjoso baño de espuma.
               Hablar de los desiertos era la peor historia del recuerdo para la arena. Sólo sentirlo le producía escalofríos del calor que le afluía a la cara y se preguntaba cómo sería el perder su posición privilegiada en las playas para poder embarcarse en las màs excitantes aventuras allende los mares. El desierto era el silencio, la falta de vida, la inmensidad de donde  ya se había perdido la esperanza de regresar. Las pocas particulas arrastradas por corrientes de aire que, por casualidad, aterrizaban en el mar, contaban experiencias aterradoras que, para los habitantes de la playa, estaban fuera de la inteligencia del arenal.
               Un día de invierno, un día de viento, esta situación idílica  saltó por los aires. El mar se volvió loco, se embraveció y, sin previo aviso, arrojó tantas olas a las playas  y con tanta fuerza que la arena desapareció en su totalidad. Una parte fue lanzada a los desiertos cercanos y otra parte fue sepultada en las profundidades del mar. Las pocas comunidades que pudieron refugiarse en las oquedades de las rocas, quedaron tan reducidas  que apenas se atrevían a salir de sus escondites por miedo a una nueva embestida.
               Todos los arenales costeros eran ahora rocas asperas y cortantes; pedregales  que producían heridas profundas en las olas. Allí se rompían en sollozos y añoraban el remanso   de las playas, donde jugaban a hundir la flota entre la arena y donde tomaban el sol en toboganes antes de regresar.
               Y se declararon la guerra. Una guerra incruenta, larga y lenta donde los dos contendientes dudaban de su victoria final.
               El mar, en sus ataques, arrastraba a sus prisioneros a las fosas marinas. La arena evaporaba el agua que caía en sus comunidades y la hacía prisionera del calor que almacenaba,
               Despues de siglos luchando el cansancio hizo mella en los dos contendientes. Aparecieron más desiertos, dunas más grandes, mares más pequeños, ensenadas llenas de sal, charcos entres las rocas, gotas perdidas y huérfanas que poco a poco se convertían en vapor de la nada.
               Las aguas de los océanos perdieron su transparencia y sobre la arena empezaban a ser patentes los efectos nocivos de la luz y el calor del sol.. Envejecían y su egoísmo los conducía a su propia destrucción.
               El tiempo se llenó de reproches,  insultos,  estrategias y, por fin, de tregua.
               El mar se retiró de las playas y permanecía al acecho. La arena se parapetó en fortines y, aliada con el cemento y la cal,  intentó crear barreras infranqueables a las incursiones del mar.
               Con el paso de los años  se hicieron más vulnerables al desánimo y empezaron las concesiones. Las playas se fueron rellenando de los indultados prisioneros de las profundidades del mar  y, de cuando en cuando, alguna ola perdida buscaba disimuladamente comprobar si, tomar el sol entre la arena, era uno de los placeres más relajantes y reconfortantes que habían sido relatados en la historia de los tiempos.
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                   Un niño se acercó con el cubo a la orilla del mar. Lo colmó de agua. Caminó lentamente descalzo dejando  un rastro discontinuo sobre la arena. Excavó un hoyo, recogió el cubo y .....El mar y la arena, al unísono, rompieron el silencio del olvido  y gritaron  ¡Guerra! ¡Guerra!

viernes, 28 de enero de 2011

LOS SALTOS DEL GORRIÓN


Cuando observas los gorriones en el suelo  te das cuenta que caminan de una forma muy particular: dando pequeños saltos"

Cuentan que, en tiempos pasados, los gorriones y sus primos los pardales ganaron un concurso de belleza y pasarela. Sucedió en el País Vasco[1], hace unos cuantos millones de años.
Gorrión común: Passer domesticus
La familia  de la última especie de aves en peligro de extinción, gobernante de la casa señorial Los Garrire[2] , decidió, siguiendo las instrucciones de la bruja lechuza, organizar un concurso entre todas las aves para elegir el prometido de su única hija, la princesa Gurriato[3]. Según todos los augurios se tendría que casar con un joven y apuesto volador que cautivara a todos por su belleza, presencia y, sobre todo, por los armoniosos movimientos de las plumas de la cola. Se celebraría un desfile de pasarela el primer día de la primavera para elegir el afortunado.
Urracas y cuervos fueron los enca rgados de difundir, por todos los rincones de los bosques,  los deseos de la princesa y, en pocos días, la proliferación de candidatos superó todas las expectativas.
En aquellos tiempos los gorriones  y pardales caminaban tan armoniosamente por las ramas de los árboles y caminos y los movimientos de su cola eran  tan  cautivadores que  todas las pajaritas en edad casadera caían rendidas a sus patas. Eran el ejemplo a seguir en todas las revistas pajareras de la época y no había convención que no llevara a los debates el contoneo de su caminar y el insinuante aleteo de su cola.
Todos los pretendientes envidiaban esa facilidad innata del gorrión para moverse y practicaban  horas y horas imitando sus pasos y el movimiento de su cola.
Los gorriones  no se conformaban con las encuestas y llevados por la superación, contrataron a escondidas los servicios de una jabalina[4]  que en pocas semanas  había perfeccionado considerablemente su ya armonioso caminar.
Fue tan aplastante la superioridad del candidato de los gorriones en el desfile de pasarela  que la decisión del jurado fue unánime; tan unánime que levantó las sospechas y las envidias de las familias de los cuervos, las urracas, los loros, las gaviotas, las águilas, los halcones, los búhos y las lechuzas y de un gran número de aves que, en protesta, emigraron a otras tierras.
Una guerra encubierta se declaró en contra de los gorriones. En pocos años cientos  y cientos fueron presa de las garras de halcones, lechuzas y cuervos; hasta tal punto que  se empezó a poner en peligro su existencia como especie.
Gorrión fósil: recuerdos olvidados
Se convocó un congreso de de  gorriones de emergencia nacional  para buscar soluciones urgentes.  Se analizaron encuestas y se sondearon opiniones. Las discusiones fueron interminables y las conclusiones inapelables. El problema radicaba en la forma de contonearse  y en el movimiento de la cola.
Las medidas fueron publicadas y se transmitieron de pico en pico rápidamente. Todos los gorriones y pardales neonatos deberían llevar sus patas y cola ligadas durante los tres primeros meses de vida, y todos los jóvenes que exhibieran públicamente sus habilidades serían castigados con un largo confinamiento casero.
El efecto fue fulminante y los gorriones empezaron a saltar y a saltar y a saltar si querían trasladarse caminando. La reeducación se completó y, en pocas generaciones, dejaron de ser objetos de envidia y empezaron a pasar desapercibidos.
Con el tiempo se trasladaron a vivir en ciudades y en pueblos, donde todavía se observa su forma saltarina de caminar. Y cuando una chica o chico pasa a su lado contoneándose algo genético se mueve en su interior, pero el gorrión, a pesar del recuerdo, sigue saltando.


[1] Existen opiniones que la palabra gorrión podría derivar el vasco gorri que significa rojo.
[2] Meyer y Urtel lo relacionan con Garriones, de garrire charlar
[3] Gurriato es una forma del vocablo gorrión. Esta palabra se cruza homonímicamente con gurriato ‘cerdo pequeño’ que tiene     asimismo un origen onomatopéyico.
[4] Jabalina. La hembra adulta del jabalí que ha sido ya madre.