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Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.
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martes, 15 de noviembre de 2011

EL SER

Apenas respiraba. ¿Eran sollozos? Sus movimientos se habían reducido a una sola esperanza de poder  conseguir ayuda. Estaba exhausto, era pequeño, minúsculo,  no sabía hablar, era un proyecto nada más. Y la esperanza llegó en forma de hormigas hacendosas y altruistas.

La primera le proporcionó una pequeña brizna de una hoja de sauce y el Ser  pudo protegerse de la intemperie que le calaba los huesos.
La segunda llegaba con  la mitad de un grano de trigo. Su ofrenda fue aceptada inmediatamente y así, el Ser, se alimentó y pudo empezar a mover sus extremidades y a fabricar el calor interno de su cuerpo de semilla.
La tercera, una simple gota de agua de rocío. Una transparente joya, producto de la naturaleza de la mañana y  el Ser calmó su sed.
Ahora tocaba esperar, pensaban las hormigas. Tendremos un aliado.
Y el Ser creció lentamente para él pero rápidamente para las hormigas que habitaban a su alrededor. Y se fue haciendo grande, enorme para el paisaje donde se encontraba. Las fuerzas regresaron a su cuerpo, se desperezó, se irguió y sus pasos fueron enormes y contundentes. Lejos, en altura, del mundo que lo había ayudado empezó a caminar  y sus pisadas sembraron el desconcierto primero y la desolación posterior.  Miles  y miles de hormigas, hacendosas y altruistas, perecieron bajos sus pies. Cuerpos estrujados que le hacían de mullido colchón.  Sus gritos y quejas, impropios de seres inferiores, jamás pudieron alcanzar en ninguna longitud de onda  el pabellón de la oreja del Ser.
Y se entregaron a ese Ser, sin conocerlo, sin saber que su futuro depende, ahora, de una brizna de hoja de sauce, de la mitad de un grano de trigo y de cualquier gota de rocío transparente.

A los  que viven en las alturas, después de ser proyectos. Para que miren el polvo del suelo.

viernes, 1 de abril de 2011

HORMIGAS Y CIGARRAS

 Leído en un diario: "los listos viven de los tontos y los tontos de su trabajo"

           Crisis, crisis y más crisis. Palabra de moda, interiorizada y arraigada en el subsuelo de nuestra mente, que  nos envuelve y convierte en una especie de gurús llenos de cábalas y con verdaderas ansias de subsistencia.
           Todo el mundo conoce la situación en que se encuentra, la situación en la que nos han  colocado, sin comerlo ni beberlo, los listos de turno, políticos y banqueros que han jugado durante bastantes años con todo lo que teníamos, nuestras aspiraciones, lo que ibamos a tener y lo que nuestros hijos puedan llegar a conseguir, el futuro. Han utilizado nuestros años de bonanza, trabajados como hormigas, para profanarlos cigarralmente con tantos gastos suntuosos, innecesarios y "bolsátiles" - de bolsillo-, que han dejado nuestra vaca, tan famélica, que no da ni para elaborar un pequeño queso desnatado.
                Nos han aplicado, los listos, ya directamente y sin consultarlo, como dueños y señores de nuestros ahorros, de nuestras hambres y de nuestro futuro, recortes en sueldos, en prestaciones y en vida. Y, ahora, nos siguen anunciando en todos los medios de comunicación  más medidas para que nosotros, los tontos, superemos la crisis, su crisis.
                Todas las medidas son para los tontos y ni una sola para los listos. Nadie propone reducir en un tanto por ciento elevado  el sueldo de los políticos; nadie propone eliminar todos los cargos de confianza, enchufados de turno y mandangas; nadie propone la ley de saldo cero para Estado, Comunidades, Ayuntamientos, etc; nadie propone la eliminación de todas las empresas municipales; nadie propone  un menor número de representantes, parlamentarios o concejales de municipio y la racionalización y adecuación de sueldos a un criterio único por número de habitantes para todos los municipios; ; nadie propone la supresión de subvenciones a sociedades, corporaciones, sindicatos, montepíos, asociaciones, televisiones locales, partidos, etc; nadie propone la supresión de coches oficiales, de dietas oficiales, etc. Nadie propone y sólo disponen.
Hemos de exigir a nuestros  políticos, que mantenemos todos los tontos que vivimos de nuestro trabajo, las cuentas claras de sus actuaciones. Deben entender que la empresa , el ayuntamiento, somos los ciudadanos y que buscamos integridad en las personas que hemos elegido para que administren los impuestos que pagamos. Que han de utilizar  únicamente lo recaudado, que no pueden pedir crèditos o endeudarse en nuestro nombre, que no pueden contratar personal de confianza para que realice el trabajo encomendado a ellos y para el que se han presentado. Que no pueden subirse el sueldo unilateralmente pues ha de estar fijado por ley.  Y, el que se presente y sea elegido,que tenga los números y las cuentas perfectamente delimitados.Y el que no cumpla o no le interese  ¡a su casa!.
                 Confiemos, mientras tanto, en las hormigas,en nosotros mismos,  en la efectividad como trabajadoras  para superar la crisis y alejémonos de todas esas cigarras que desentonan en nuestra vida  y hacen que luchemos a muerte  para que ellas sigan cantando.