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Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.
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jueves, 26 de mayo de 2011

MAMÁ, ¡MAÑANA HAGO YO LA CAMA!

Para  Nuria en un día cualquiera.

-¡Nereaaa! ¡Son las  ocho! ¡Levántate, que llegarás tarde al colegio! - "como siempre", pensó. Era la voz de Gloria, su madre, que gritaba desde el dormitorio, después de haber dado un manotazo al despertador analógico que estaba en la mesilla de noche -. ¿Quieres levantarte de una vez? - encendió la luz y esperó escuchar los ruidos habituales de puertas, lavabo, pero nada perturbaba su despertar.
 Se iba a levantar,  cuando Nerea, “sorpresivamente”, se asomó a su dormitorio preparada para salir
-No hace falta que grites tanto, mamá, que no estoy sorda. Me he levantado a las siete y media, he desayunado y he preparado la mochila y ya estoy lista – se acercó a la cama, le  susurró un inesperado “buenos días dormilona” y, después de un beso de despedida, añadió- ¿Necesitas algo antes de que me vaya?
Gloria se quedó atónita, muda, descolocada, incluso asustada y preocupada. Era inaudito lo que acababa de escuchar de los labios de su hija. La reacción no se hizo esperar.
-¿Estás enferma? ¿Tienes fiebre? ¿Te has dado algún golpe? ¡Es muy temprano para tomarme el pelo! ¿eh? Sabes que a mí las emociones me afectan sobremanera – casi lloraba.
Se había incorporado y sentado en el borde de la cama. Quería continuar pero su hija abandonaba la habitación y, al momento, sintió cómo se abría la puerta de acceso a la calle y cómo se cerraba después. Sólo quedó el silencio y la sorpresa con cientos de preguntas por hacer y sin contestar.
 Miró el reloj otra vez. Comprobó la hora con el de pulsera. Las ocho y cinco. Algo no le cuadraba. No era posible un cambio tan repentino en Nerea si no es por algo grave. Se levantó, se ajustó el pelo en una coleta, se puso una bata estampada y ligera de primavera, pero al revés, y fue a la cocina, después  al baño y al dormitorio de su hija. “Todo colocado y en orden”. ¡Pero si hasta había hecho la cama!
¡Las peleas y los enfrentamientos que había tenido  para que se levantara con tiempo, para que hiciera la cama, para que ordenara su habitación, para que hiciera los deberes! ¡Eso sí que era el colmo de las peleas! Y ahora, por arte de magia- se pellizcó en el brazo para comprobar que estaba despierta y que no era un simple sueño- se había encontrado con una hija “que no es su hija”, ¡que se la han cambiado! Se tapó la boca con la mano derecha y todas las dudas se reflejaron en sus ojos.
El resto de la mañana creó un intenso dolor en el pensamiento de Gloria. Su única hija de 13 años la había colocado en una situación de aturdimiento tal que todas las cosas le salían al revés, o mejor dicho, no le salían. Olvidó el móvil al salir de casa, salió con las pantuflas, dejó el monedero sobre la mesa de la cocina, no compró el pan, y no la atropelló un taxi por puro milagro. Era una sonámbula de incertidumbre.
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-¡Ya estoy en casa! –saludó Nerea.
 Dejó su mochila en  la habitación y se dirigió a la cocina. Su madre la esperaba, desafiante,  con los brazos cruzados.
-¿Qué tenemos de comida para hoy, mamá? – se detuvo al ver a su madre en esa “postura” de pistolera-.¿Ha pasado algo? – se preocupó.
-Tú y yo tenemos que hablar. ¡Cuéntame la verdad ahora mismo! ¡No me vengas con cuentos de niña de bien!.
-¿Y qué te voy a contar? No tengo nada que decir, bueno, algo sí, ¡que tengo hambre!
Se acercó a la cazuela que todavía estaba sobre la encimera de la cocina y la destapó, Un olor a verdura le invadió la cara. Su madre la miraba en silencio, tenía la sensación de que, en esos momentos, no existían ni su hija ni ella. Eran extraterrestres.
-¿No me digas que ahora te gusta la verdura que hace tu madre?-la miró fijamente, mientras su hija se servía un plato completo y se sentaba a la mesa.- ¿Vas a comer ese plato y no vas a protestar?. Ah, ah. ¡Aquí hay gato encerrado!
-No es que me guste mucho la verdura, mamá -continuó-, pero habrá que intentarlo alguna vez. ¿No te parece?- y se calló para saborear el primer bocado.
-¡Ya sé! ¡Ya lo sé! – exclamó Gloria con aire de triunfo, sentándose también a la mesa-. ¡Te han echado del Instituto! ¡Ya estás otra vez metida en problemas! ¡Si ya lo decía yo, esto no puede ser cierto! Cuando tu padre se entere…
-Mamá. No me han echado del insti. ¡Y no estoy metida en ningún problema! – bajó la voz-.Tengamos la fiesta en paz.- pidió-. Come y déjame comer. Tengo que hacer algunas cosas antes de volver a las clases.- añadió.
-¿Y qué “cosas” son esas? ¿Colgarte del teléfono hasta que eche humo?
-Únicamente unas “cosas” de sociales.- aclaró.
-¿También vas a hacer los deberes? –dijo con incredulidad manifiesta y con la cuchara a medio camino  de la boca.
-Tengo que buscar 10 palabras en el diccionario para Sociales. Serán 15 minutos. Primero te ayudaré a recoger la mesa y me sobrará tiempo.
Nerea habló con una decisión que su madre nunca había notado.
- ¿Quieres que ponga yo el lavavajillas?
-¡Hui…! Lavavajiiiiiiillass. ¡Qué fina se ha vuelto la niña! ¡Lavaplatos! Déjalos, que ya los fregaré yo.- Cortó rotunda.- Para dos platos no es necesario poner la máquina. Vete a la habitación que ya hablaremos cuando llegue tu padre.- amenazó con el dedo.
-Muy bien. Pues adelante con las  soci. – y abandonó la cocina.  
…………………………………………………………………………………………….
Javier entró en casa a las nueve de la tarde noche. Gloria y Nerea esperaban  su llegada para la cena. Gloria en el sala de estar, viendo “ Física y Química” y Nerea, según el pensamiento de su madre, encerrada en la habitación con sus redes sociales y al teléfono con sus amigas
Dejó el abrigo en la entrada y anunció su llegada como siempre hacía.
-¿Dónde están las mujeres de la casa?- no contestaba nadie. Avanzó hacia el salón donde se escuchaba el sonido de la televisión encendida. Gloria se levantaba en ese momento y recibió el abrazo y beso de cortesía de su marido. La cara la delataba. - ¿Ha sucedido algo  que no sepa estos dos días que he estado fuera?
-Tu hija…-soltó.
-¿Qué es lo que ha hecho ahora? ¿Se ha marchado de casa? ¿La has encontrado drogándose? ¿Has tenido que rescatarla de la comisaría de policía otra vez? ¿…?- Gloria se soltó de él, sin responder a ninguna de las preguntas.
-Todavía no lo sé. Pero tiene que ser algo muy fuerte.
-¡Nerea! – fue directo a la habitación de su hija. Esta vez abrió la puerta sin llamar.
Nerea estaba sentada en su escritorio haciendo deberes de matemáticas. Al sentir la puerta se giró  y al ver a su padre se levantó.
-¡Hola papá! ¿Cómo ha ido el viaje?- se interesó a la vez que lo besuqueaba en ambas mejillas.
-Déjate de zalamerías y dime inmediatamente qué ha pasado.- puso un semblante serio.
-No ha pasado nada – completó con cara de ingenua.
-¡A mí no me puedes engañar, Nerea! - inclinó la cabeza esperando más aclaraciones- ¿Qué estabas haciendo ahora?
-Unos problemas de matemáticas, que no entiendo muy bien.
-¿Matemáticas? ¿Haciendo tú "deberes"? – Javier giró resoplando.
Gloria estaba en la puerta esperando el resultado.
-Alguna vez se tiene que cambiar, ¿no os parece?- añadió con una pícara sonrisa-. ¿Cenamos? Mi estómago me está pidiendo marcha.- hizo un guiño con toda la cara -. Además mañana…
-¿Mañana, qué? – y se encontró con dos rostros inquisitorios repletos de dudas.
- Tengo que levantarme temprano para repasar el examen de mates… - susurró y se fue directa a la cocina -. ¡Tortilla! - exclamó -. ¡Con lo que me gusta a mí la tortilla! – y se sentó a la mesa a esperar ... otro cuento.

viernes, 22 de abril de 2011

HECHOS


          Siempre la veía con su madre en el parque. Parecía una niña tranquila, desapercibida, casi insignificante, Se movía despacio, observando el entorno, y miraba desde la distancia los columpios, los toboganes, los balancines, pero no se acercaba. Llevaba entre sus brazos una pelota de playa de colores con dibujos de animales. La sujetaba con fuerza contra su cuerpo pero no la botaba; no sé si por miedo a perderla  o por malas experiencias vividas en sus pocos meses de vida. 
            Tendría unos dos años  y ya caminaba con soltura y seguridad. Algunas veces, se ponía de cuclillas y dejaba la pelota en el suelo, como si le diera la libertad condicionada. Sólo eran pruebas de pertenencia. Cualquier acercamiento o intento de otros niños  hacia su pelota conseguía que sus manos actuaran como un resorte  y que la pelota volviera a su regazo mientras se levantaba inmediatemente y dejaba oir  unas palabras  inconfundibles." Es mía". Miraba a todos y volvía a repetirlo con un poco más de ímpetu y seguridad: "ES MIA".
            Aquella tarde fue diferente. La pelota continuaba en su sito, entre sus brazos. Una niña se acercó hacia ella y , sin mediar palabra, la golpeó en los brazos y le arrebató su preciado bien. El contrataque fue más rápido que la agresión. La tranquilidad se convirtió en un derecho propio y la insignificancia en importancia. El empujón fue más que premeditado. La ladrona cayó de espaldas y, por instinto de protección, soltó lo "robado" y empezó a llorar. La propietaria recogió su pelota y  escuchado los lloros y mirando  a la que había empujado pronunció dos palabras como hecho consumado. "¡ES MIA! " y la victoria se reflejó en sus ojos.


TOMÁS
Segunda parte "La victoria se reflejó en sus ojos"

             Un día, Tomás, descubrió que los barrotes laterales de su celda podían, sencillamente, eliminarse. Mantuvo la vigilancia y, con el tiempo, encontró el momento propicio para  intentarlo.
             Algo lo despertó de noche y en el momento de llamar por su mamá, cerró la boca y contuvo su respiración. Por un momento, nada. De repente un estruendo sacudió sus sentidos auditivos. Era papá. Sus sonoros resoplidos eran inconfundibles. Después se volvieron acompasados e insoportables. Se movió despacio hacia el lateral y sus inquietos dedos recorrieron aquella pequeña palanca  que su madre giraba cuando lo acostaba. Varias veces lo intentó y siempre quedó rendido. Esta vez, la suerte estuvo de su parte. La pequeña pulsera que su abuela le había regalado quedó enganchada en la palanca y,  al tirar y tirar desesperadamente, ... ¡abracadabra!. el lateral de la cuna se desplomó verticalmente con un ruido seco al tocar fondo.
             Tomás quedó mudo y los ronquidos de su padre desaparecieron por un momento. Para él el tiempo se detuvo y lo inmovilizó hasta que sus padres volvieron a impulsar con rotundidad el aire que  respiraban.
            Al girarse de nuevo, la puerta de la libertad se abría  en toda su extensión. Lentamente sus pies tocaron suelo, después sus  rodillas y sus manos. Volvió la vista hacia la cama y lo único que llegó a ver  fue un  brazo entero de su madre descolgado e inmóvil  por el lateral de la cama. De su progenitor, ni rastro, sólo los ronquidos.

            "Por fin, libre por primera vez. Recorrí toda la habitación a gatas.  Apenas caminaba sobre mis dos pies. ¡Qué difícil ser bípedo!. Me apoyaba en las paredes y en las puertas para mantenerme derecho como los adultos. Quería llegar a todas partes y tenía prisa, mucha prisa, pero el aprendizaje era lento, demasiado lento.
    Salí de la habitación  gateando. Era más seguro y menos doloroso. Recorrí el largo pasillo sin obstáculos hasta el comedor . Todavía quedaban  varios juguetes en el suelo sin guardar. Intenté poner la Tele, pero el mando  no  respondía a pesar de que una lucecita roja y tenue indicaba que estaba preparada. Visité la cocina  con la única luz que se filtraba por la ventana.  Sentado cerca de la lavadora, quedé pensativo y sin saber qué hacer.  Ahora el sueño me hacía tambalear. Tardé una eternidad en regresar a la habitación, intenté subir a la cuna. Imposible. Y allí me quedé tumbado en la alfombra, acurrucado y vencido por un sueño profundo que ni los ruidos oníricos pudieron retrasarlo.
     Cuando desperté estaba en brazos de mi madre que hablaba a gritos.No pasa nada mamá,-intentaba decirle- pero no me escuchaba. Se encaró con  mi padre  argumentando que me podía haber pasado algo grave y que era necesario ajustar bien los laterales de la cuna.
     Dos días después volví a las andadas. Esta vez caí desde una altura considerable en el intento. Mi frente  besó el suelo protegido por la alfombra que no impidió la salida de  un chichón doloroso. Quise llorar, pero ¿para qué? Esta véz fui directamente  al baño. Me enderecé junto al bidet. Mis manos acariciaron el grifo con fuerza  y se abrió. El agua me salpicó toda la  cara y, del susto, quedé sentado. No sabía si reir o llorar.  Al momento había agua por todas partes.  Salí del baño empapado  y volví donde estaban mis padres. ¿Eh? ¡que esto se está inundando! Ni caso. Ya lo decía yo, pasaban de mí.
    En unos minutos llegué el salón. Esta vez la tele funcionó al primer apretón que le di al mando. Nada intersante. Rayas horizontales de colores que al mirarlas empezaban a marearme.  Me incorporé al sofá como pude y allí amanecí cuando el vecino de abajo tocaba el timbre insistentemente. La inundación había llegado al piso inferior. ¿Dios mío,dónde está Tomás? -gritó asustada mi madre-  Carreras y chapoteo en el agua hasta la puerta.  
    Las discusiones continuaron un dia tras otro hasta que se tomó ¡POR FIN! la decisión de ponerme una habitación para mí solo.  Estará más seguro en la cama ,-explicaba mi padre- .La cuna es un peligro y ...
    Una semana tardaron en retirar los muebles de una pequeña habitación, pintarla con colores azules y colocar una cama grande, sin rejas, a mi altura  y con espacio suficiente para estirarme  a lo largo o a lo ancho.La primera noche que me acostaron en "mi cama" apenas pude pegar ojo. Desperté infinitas veces, desubicado. Cuando mis padres se asomaron a la puerta a la mañana siguiente, se sorprendieron al verme despierto y sonriente. Me sentía otro, una persona importante. Ahora tenía lo que había buscado tan insistentemente. Era libre y en mis ojos se reflejaba la victoria."