Nicotiana tabacum

Te veo crecer esbelta
con verdes cruentos
y blancos pálidos
de azucena.
Quién tuvo la osadía
de utilizarte en entierros,
primera ignorancia,
y no en otros recuerdos
de santos y de años
Quién seca tu alma
con fajos de bolsa
y exprime tu sangre
en humo y en fuego.
Por qué actúas a escondidas y en silencio
y atacas las entrañas de inocentes
y los diluyes y consumes en el tiempo
para enfrentarlos a una suerte
que juega a los dados desde dentro.
Mr. Nicotina y Alquitrán
Déjame que te quite una vida,
caballero, de las manos;
no es historia ni cuento
solo una por despedida.
Sé que te vas quemando
entre leyes y decretos,
que quieres seguir luchado
con juicios paralelos,
que quieres que los malos humos
sigan reinando en mi cuerpo
con un estigma grabado
de amarillo entre los dedos.







