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Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.

miércoles, 20 de enero de 2016

LOCO DE REMATE

      Julián se había convertido en la persona más alta del mundo. Pero estaba loco de remate, más que de remate, de principio. Ya había conseguido todo en esta vida; -alcalde, diputado, congresista, contertulio, sindicalista- No llegó a presidente de gobierno pero sí era un viviente con suerte.
     Dicen las malas lenguas que se volvió loco de atar y antes de que lo encerraran  se escapó con su vida y otras cosas al espacio exterior más cercano.
      Como vivía en Gavá, una pequeña ciudad, cerca de Barcelona y del mar, se instaló en lo más alto del Garraf, en el pico de la Morella y allí ocultó su cabeza y esperó su oportunidad.
     Y fue un 20 de enero, un día frío y despejado, cuando se encaramó al chorro que sembraba un avión a reacción. Él sabía que era una locura pero mantuvo  el equilibrio, como los "skaters" y salíó chorreado camino, esta vez, hacia Santiago de Compostela.
       En su aventura pensaba que sería el único solitario perdido en el espacio pero  tuvo que sortear a miles de internautas, locos como el,  que viajaban a sus nubes en busca de recuerdos guardados y olvidados.
      Ya en tierras gallegas se fue disipando el mullido algodón que lo sustentaba, y, aunque intentaba asirse a algún que otro jirón deshilachado, al final las leyes de la física lo desplomaron en caída libre hacia la plaza del Obradoiro. Tuvo otra vez suerte y cayó de pie como los gatos. Así se confundió entre los miles de peregrinos que buscaban el perdón al final del camino.
       Sentado en el centro de la plaza  miraba el cielo de vez en cuando con la esperanza de encontrar otra estela de avión que le marcase otro destino.

PD. Julián no existe. Por si alguien lo busca.

Dedicado a los locos que no han podido todavía realizar el Camino de Santiago

lunes, 20 de abril de 2015

VOLVERÁN LAS OSCURAS...



Los ojos de Laura no podían ocultar una intensa sorpresa. Lo que observaba no tenía cabida en su imaginación de niña. Al delante, al lado de la Plaza de Cataluña, en su horizonte más cercano, se habían erigido dos grúas inmensas  que como gigantes malandrines la intimidaban en lo más profundo de su  alma.

Y sin más preámbulos, sol la cortina del comedor de su casa y salió disparada  buscando a su madre.
-     ¡Mamá, mamá!  Hay dos gigantes  con dos brazos  larguísimos delante del balcón que me quisieron atrapar cuando los miraba. –y extendsus brazos para que la estampa fuera lo más verídica posible.
-     No son gigantes, –sonrió la mamá–, son grúas para construir casas.

-     ¿Y de dónde han venido?

-     Del más allá. Antes había muchas en todas partes. Tu padre trabajaba con ellas pero, de la noche a la mañana, desaparecieron. La nostalgia apareció esta vez en los ojos de la madre.
-     ¡Yo creo que son malas! Son un esqueleto de huesos y me dan miedo

cuando mueven sus brazos…

-     No temas, son inofensivas. A mí hasta me alegran la vida.

-     ¿Y se quedarán para siempre?

-     ¡Ojalá!, hija, ¡ojalá!

Y los gigantes giraban y giraban y Laura y su madre  bailaban al compás.

 Dedicado a las nuevas iniciativas y a los recuerdos de otros tiempos

miércoles, 23 de julio de 2014

VIAJE DE VUELTA



           Anselmo había recorrido más mundo del que yo pudiera imaginar. Desde que se jubiló como trabajador de la compañía Roca Radiadores, hace ya 20 años, su espíritu aventurero no descansó ni un momento. Todo fue planificación y ganas de ver otros mundos, otras culturas, otros problemas… Lo mismo estaba en París que  paseaba por Oslo o tomaba un café en Varsovia. Una ilusión compartida con Clara, su mujer, y que ahora, después de su marcha, se difuminaba en el futuro.
        Anselmo baja a la estación el viernes de cada  semana- los viajes son más económicos en los días azules-. Recorre las ramblas de Gavá, el pueblo donde siempre ha residido desde los diez años, acompañado de su pequeña mochila repleta de folletos, un par de bocatas y una botella de agua. Marca su billete T.10 y cruza el paso subterráneo hasta el andén dos y se sienta en el banco de siempre con su mochila al lado y los horarios de los trenes en sus manos. Apenas los mira. Los sabe de memoria pero es una costumbre y difícilmente  la cambiará.
        -Ahora pasará el  de y cuarto, procedente de Barcelona.- pero no presta atención, no le interesa lo más mínimo la marabunta de gente que fluye en un sentido u otro. Él espera otro tren diferente, un destino diferente, un recuerdo diferente.
            “Atención, atención. Tren con destino Reus. No tiene parada en esta estación. Rogamos a los viajeros no crucen las vías. Utilicen  los pasos inferiores.”
           Anselmo escucha mientras fija  sus ojos en el horario de trenes. Se levanta, se coloca su mochila a la espalda y espera la llegada de ese tren que lo llevará lejos como todas las semanas. Y se va con el sonido metálico de sus ruedas y los remolinos de aire que se forman en todo el andén.
           Después vuelve al paso inferior, sube las escaleras y regresa a las ramblas. Pero ahora ya no son las Ramblas de Gavá es la Piazza Venecia, la Piazza Navona, la Piazza del Colosseo, la Via dei Fori imperiali.
           Camina despacio como si lo acompañara su mujer del brazo. Gesticula y su vista se pasea por los monumentos que desfilan ante ellos. Todos los recuerdos vuelven a su mente, lo reviven un poco más y le dan ánimos para programar el viaje de la próxima semana.
torre-eiffel-viajes-paris       - Quiero pasear por el Sena y volver a subir a la Torre. ¿Te apetece?
          Y Clara se calla, le sonríe, se encoge de hombros y deja que el silencio le lleve esa respuesta que él siempre quería escuchar.
            -Pues iremos a París, si es lo que quieres.


   A todos los que viajan en la soledad de casa