Datos personales

Mi foto
Nací como un cuento. Crecí como un diario y pienso irme como una historia.

martes, 30 de octubre de 2012

UNA VEZ MÁS



 “¡Déjame! ¡Déjame en paz! No puedo seguir así…”
 Sus miradas al espejo  lo hundían en las tinieblas de su reflejo…
 “Estoy perdido”
 Lloraba y no sentía desahogo ninguno. Los puños contra el borde del lavabo, la cabeza inclinada, vencida, ida,… 
Y allí estaba su madre, su apoyo, su única esperanza, abrazada a su cintura y susurrando palabras de tranquilidad, de sosiego.
“Debes aguantar, hijo. Sólo serán  dos o tres crisis, cada vez más cortas y luego vendrá el dominio y el control de tu vida. Insiste, hijo, insiste. No desfallezcas. Sabes que estoy y estaré a tu lado para siempre.”
Las lágrimas se secaron y no hubo avances. Todo  era un retroceso infinito. Necesitaba un estímulo externo, -como siempre- y estaba dispuesto a conseguirlo por encima de todo.
“¡Perdóname otra vez ma…! ¡Sólo lo haré una vez más! Lo juro. Es lo que necesito. Me corroe por dentro, no me deja respirar.."
Cerró el corazón y abrió ilusiones demasiado profundas.
“Además, por otra vez, no puede pasar nada. Me aliviará. Ya lo verás. Estaré mejor y con la cabeza despejada podré decidir con sentido mi futuro…”
Se giró pero no pudo despegarse del abrazo de su madre. Y en un arranque ya de cólera…
“¡Suéltame! Sólo una vez más, sólo una vez más, sólo una vez más…”
............................................................................
Salió de su casa danto tumbos, sin rumbo, pero con un objetivo bien premeditado y mal planificado. Intentó perderse en las calles de la ciudad. Caras borrosas e inexpresivas se cruzaban con él. Se apartaban con brusquedad y, de nuevo, sentió odio. Después repetía y repetía..
“Sólo una vez más, sólo una vez más, sólo una vez más…”
Allí, en la esquina, adosó su espalda  a la pared abandonada. Temblaba. Todo su cuerpo temblaba. Extrajo de su bolsillo el estilete que tantas veces había utilizado para sus “conquistas”. Lo empuño con fuerza y se dispuso a obtener lo que más ansiaba en aquellos momentos. Esperó hasta sentir unos pasos cercanos de cualquiera. ¡Qué importaba! Algo tendrá para él, para esta última vez.
“Sólo una vez más, sólo una vez más, sólo una vez más…”
Allí estaba su presa. Presionó más el estilete. Dobló la esquina y…
“Quiero todo el dinero que llevas encima, el reloj, las joyas. ¡Las necesito!”
Y así, como por inercia, la hoja del estilete se hundió en la incertidumbre  de lo desconocido. Se fue inclinando con la sombra ensartada hacia el suelo exigiendo su recompensa.
“¡Lo quiero todo, todo!”
Y siguió apretando con saña hacia lo infinito
¡Entrégamelo todo, todo!
“Aquí tienes todo lo que queda”
En  sus sueños sintió cómo aquella sombra, que se desvanecía en sus recuerdos,  lo  estrechaba entre sus brazos mostrando la mano con  su recompensa
“¡Tómalos, hijo, tómalos! ¡Sólo una vez más…!

A nadie 




martes, 5 de junio de 2012

OJOS DE SUEÑO


              Érase una niña pinta, repinta y colorada que nunca quería dormir. Siempre estaba  desvelada. Jugaba de día y de noche  y sus padres nunca consiguían que se mantuviese en la cama un momento con los ojos cerrados, pintados y colorados. Todo  era  un juego despierto para ella.
          Cierto  día sus ojos  abiertos  se  cansaron de su tiranía y, aprovechando el pequeño descuido de un pestañeo, se escaparon  para descansar unos momentos ciegos de sueño y se escondieron debajo de la cama. 
La niña pinta, repinta y colorada gritó con desconsuelo e inició la búsqueda estéril de sus ojos cerrados, cansados y colorados. Únicamente unos sollozos sin lágrimas quedaron en su cara y la obligaron a quedar inmóvil en la cama y a dormir profundamente y soñar con sus ojos abiertos, pintados y colorados.
              Al despertar,  sus ojos habían regresado repuestos a las cuencas y la niña pinta, repinta y colorada vivió otra vez el sueño despierto del día y la tristeza de los ojos de sueño perdidos y dormidos en la noche. 


 A los que sueñan despiertos durante la noche

viernes, 1 de junio de 2012

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO


              Encontrar aquella gallina supuso la salvación del pueblo y su prosperidad.
              Ninguno de sus habitantes había visto un animal de aquellas características. Tenía alas y no volaba, cacareaba y no se le entendía, ponía huevos, como todas, pero no se podían comer. ¡Eran de ORO! Y ¿para qué queremos nosotros unos huevos de oro? Hasta que descubrieron los mercados financieros. Fue entonces cuando la vida tranquila y apacible de la villa  se hizo añicos.
               En la asamblea de ancianos se discutió la forma de utilización de los huevos de oro. Se supuso que la gallina seguiría poniendo los dos huevos cada día a lo largo del año y se encargó al maestro del pueblo los cálculos aproximados de las ganancias. El pueblo sería el encargado de alimentarla y el propio alcalde el encargado de recoger las preciadas perlas doradas y almacenarlas.
               Entre las primeras decisiones que se tomaron por unanimidad, a petición del alcalde, fue  repartir un huevo a cada una de las familias del pueblo, tres para el alcalde y dos más para el resto del consejo de ancianos, el cura y el maestro economista.
               En pocos meses el peso de los huevos alcanzó valores insospechados y surgieron los primeros proyectos del alcalde y sus allegados. Contrataron mejores gestores  y con ellos, no sólo se gastaron lo almacenado sino los huevos de los dos próximos años. Podríamos decir que se quedaron en pelotas.               
               A pesar de esto estaban eufóricos y se les veía en todos los rincones del pueblo y en círculos externos haciendo planes y más planes de futuro sin darse cuenta de la presencia de la zorra que contemplaba la gallina desde los olivos que circundaban la iglesia.
               Pero el mal no vendría de fuera, era intrínseco a la propia naturaleza gallinácea. A los nueve meses la gallina dejó de poner huevos y la preocupación se adueñó de todo el pueblo, sobre todo del alcalde. Consultaron con los mejores veterinarios, sin revelar los motivos exactos de su preocupación, y fueron tachados de ignorantes. Todas las gallinas presentan períodos de descanso en su puesta. Pero, ¿cuánto tiempo se iba a alargar el descanso?
               En las reuniones celebradas en el ayuntamiento a puerta cerrada elevaron el tono de las discusiones. En todo momento el que llevaba la voz cantante era el alcalde y, según él, todo se había ido al traste por la puta de la gallina.
              Después de un mes y medio regresaron las puestas de huevos, pero la sorpresa fue mayúscula. ¡No eran de oro! La gallina ponía  cuatro huevos diarios- “caso extraordinario”- y el alcalde los rompía inmediatamente buscando el oro deseado.
               Y pasó el tiempo y el hambre y la depresión se instaló en el pueblo y en sus habitantes. La gallina seguía con sus puestas de cuatro huevos y el alcalde, rompiéndolos uno tras otro en busca de la mina perdida.
               Cuentan que una mañana la gallina desapareció y sólo encontraron, bajo los olivos detrás de la iglesia, sus plumas mezcladas con seis pequeños e incompletos huevos de oro.

A las gallinas incomprendidas