Se
acabó la individualidad, lo singular, lo propio. La colectividad lo ha fagocitado y sin escrúpulos. Todo por el bien de las grandes colectividades.
Si
analizamos un poco la historia, -no hace falta retroceder muchos años-a nivel
social, moral, económico, político, todavia
podíamos observar individualidades
y a cara descubierta, sin tapujos ni otras cortapisas. Esto es así porque lo digo yo y porque me da la
gana. Nadie manda en mí y si fracaso es
mi fracaso. Y si triunfo es mi triunfo y
mis méritos. Actualmente es todo al revés. Ahora el quiero se convierte en
queremos, del singular hemos pasado al plural. Así los fracasos se convierten
en colectivos, más diluidos y , eso sí, los éxitos aunque sean colectivos se
pasan muy susceptiblemente a individuales.
Anacronismos de la historia.
¿Dónde han quedado los negocios familiares,
la panadería casera, la zapatería, la lechería, la droguería, la satrería, la carnicería, la pescadería
ambulante, la fonda? ¿Dónde ese ambiente
único, familiar y cercano que valoraba las características propias de cada
individuo, que dejaba la barra de pan colgada en la puerta de tu casa?
Ahora entras en los grandes
almacenes y grandes superficies por nada y sales con todo (lo que no necesitas)
Ahora
ya no existe la libertad de expresión individual, -¡Tú cállate! - ha sido eliminada por la
expresión colectiva, más fuerte, más democrática y más violenta. Así las responsabilidades
desaparacen. Hemos entrado directamente en “Fuente Ovejuna”. Hemos hecho
nuestro el refrán “¿Dónde va la gente? Donde va vicente” (con minúscula). Porque apenas
existen Vicentes. Ahora no es el Sr.Vicente
o la Sra. Vicenta, son los otros YOS : el
Partido , el Fondo Internacional, Las Naciones Unidas, el Consejo Regulador, la
Comisión Gestora, La Comunidad, El Ayuntamiento, El Tribunal Supremo, el
Parlamento, el Senado, la Colectividad, el Equipo Docente, el Equipo Médico…Ya
no existe el ladrón, el caco. Ahora se
roba en grupo, son la banda, el colectivo de , la horda, etc.
El “yo” queda tan diminuto, tan
empequeñecido que cuando se muere aparece el epitafio: “se ha muerto porque
ninguno lo conocía”.
Y es por eso que ya estoy harto
de seguir levantándome y acostándome a la misma hora, ver los mismos programas y escuchar las mismas canciones. Ya no quiero seguir la moda que nos imponen y
los colores. Quiero ser libre de influencias
para volar otra vez sin Ícaros a mi cargo. Quiero ser dueño de mi
individualidad y poder decidir, cualquier cosa, aunque sea intrascendente, sin obligaciones y condicionamientos.
Quiero ser Yo. Tampoco es tanto
lo que pido.
PD: El concepto de yo (y su étimo
latino egō) es un término difícil de definir debido a sus
diferentes acepciones. A lo largo de la historia su definición se ha
relacionado con otros términos como psique, ser, alma, conciencia.