Julián se había convertido en la persona más alta del mundo. Pero estaba loco de remate, más que de remate, de principio. Ya había conseguido todo en esta vida; -alcalde, diputado, congresista, contertulio, sindicalista- No llegó a presidente de gobierno pero sí era un viviente con suerte.
Dicen las malas lenguas que se volvió loco de atar y antes de que lo encerraran se escapó con su vida y otras cosas al espacio exterior más cercano.

Y fue un 20 de enero, un día frío y despejado, cuando se encaramó al chorro que sembraba un avión a reacción. Él sabía que era una locura pero mantuvo el equilibrio, como los "skaters" y salíó chorreado camino, esta vez, hacia Santiago de Compostela.
En su aventura pensaba que sería el único solitario perdido en el espacio pero tuvo que sortear a miles de internautas, locos como el, que viajaban a sus nubes en busca de recuerdos guardados y olvidados.
Ya en tierras gallegas se fue disipando el mullido algodón que lo sustentaba, y, aunque intentaba asirse a algún que otro jirón deshilachado, al final las leyes de la física lo desplomaron en caída libre hacia la plaza del Obradoiro. Tuvo otra vez suerte y cayó de pie como los gatos. Así se confundió entre los miles de peregrinos que buscaban el perdón al final del camino.
Sentado en el centro de la plaza miraba el cielo de vez en cuando con la esperanza de encontrar otra estela de avión que le marcase otro destino.
PD. Julián no existe. Por si alguien lo busca.
Dedicado a los locos que no han podido todavía realizar el Camino de Santiago